Se me hace muy difícil explicar todas y cada una de las sensaciones vividas ayer en Durban. Ver jugar a España una semifinal del Mundial es algo único e irrepetible, más aún después de haber acompañado al equipo desde el minuto 1. España ganó y convenció, todos los jugadores dieron el 100% y los 1000 aficionados españoles que estuvimos en el campo guardaremos ese partido en nuestras retinas y en nuestra memoria para siempre.
Pero la realidad es que mañana, a no ser que ocurra un milagro, nos vamos a tener que volver a España... y no podemos dejar de pensar en que este viaje, a pesar de haber sido increíble, va a resultar incompleto al final. No podemos cambiar nuestro billete porque no hay plazas en nuestra tarifa hasta el próximo viernes, y comprar un billete nuevo en otro vuelo aumentaría nuestro capítulo de gastos sustancialmente, capítulo ya de por si bastante abultado después de 4 semanas de viaje. Por que no compramos en su día un billete para volver después de la (posible) final? Pues sencillamente, porque costaba bastante más q el nuestro y porque nadie nos garantizaba que el equipo llegara a donde ha llegado.
Todo esto me lleva a pensar, aún a costa de que me tachéis de insaciable, que la felicidad, a veces, es simplemente cuestión de dinero, porque si pudiéramos quedarnos en Jo-burg dos días más y pudiéramos ver la final en directo, seríamos completemente felices.
Peter está haciendo en este momento un último intento desesperado por encontrar algún vuelo no escandalosamente caro para volver a España el lunes o el martes, pero pinta mal.
Fue bonito mientras duró,
Ale.
Joe, qué putada. Abrid una cuenta para las donaciones!
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